SIN ESFUERZO

He pensado que sería bueno que reflexionáramos sobre “el esfuerzo”.
E l esfuerzo como el método ideal para conseguir todo aquello que necesitamos tener, o desear.
Todo esfuerzo lleva implícito también el trabajo, la tensión, la preocupación, el cansancio, etc.

Toda nuestra vida parece una necesidad continua de llegar a alguna parte,llena de metas y proyectos que requieren de toda nuestra energía. Y acabamos agotados, sin alegría, sin ganas de nada.

Pero ¿no podría ser más fácil? ¿no existe otro camino?.

La respuesta afortunadamente es que sí, existe otra forma de hacer las cosas y por lo tanto otro camino más sencillo.
Todos los síntomas aludidos anteriormente no son gratuitos ya que su coste proviene de no hacernos caso, de no pararnos, de no escucharnos y mirar dentro para ver que está pasando.

Y sí pasa, pasa que cuando lo que pienso, lo que siento y lo que hago están en coherencia mi atención es plena en el momento presente. Estoy totalmente [email protected] en lo que quiero. Todas estas partes de mí están alineadas en la misma dirección.Hay una sensación de bienestar general.
Pero si alguna de ellas está desconectada, yo también lo estoy.

Entiendo por desconectada cuando mi cuerpo se empeña en pedalear en una dirección, mis pensamientos lo acompañan pero mi corazón y mis sentimientos están en otro lado. La atención entonces se dispersa, ya no tengo toda mi conciencia puesta en ese objetivo, meta o proyecto. Hay una parte de mí desconectada, no alineada.

Como comentábamos mi atención es plena cuando mi conciencia es plena para ese momento, cuando lo que pienso, lo que hago y lo que siento van en la misma dirección, cuando no me engaño, no me chantajeo y le pongo resistencias a mi corazón, porque él sabe.

Este camino es más fácil y nos abre un abanico de posibilidades de tal manera que cuando algo nos cuesta tanto esfuerzo deberíamos plantearnos si estamos en el camino adecuado. Entonces podríamos pararnos y preguntarnos qué no estamos escuchando, en dónde no nos hacemos caso.
Hay esfuerzo porque no fluimos, no bailamos con la vida, o ¿acaso no nos lo merecemos?.

Vivimos en la cultura del esfuerzo, del trabajo, de la tensión. La cultura de mirar fuera para creer que es lo que necesito.
Pero si llevo la atención dentro de mí entenderé que sólo permitiéndome “SER” encontraré la fuerza y la alegría que necesito, entonces bailaré…

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