¿Qué me pasa?

Esta es una pregunta que nos hacemos muchas personas cuando nos sentimos mal pero también es una pregunta que se hacen muchos niños y su familia.

Me refiero en este caso concreto a los niños/as, con Déficit de Atención con o sin Hiperactividad.

Estos niños antes de ser diagnosticados sufren un verdadero calvario y son juzgados  como traviesos, malos, insoportables y se convierten en niños incómodos tanto para muchos de sus compañeros de clase como para sus profesores. Por supuesto esto puede producir problemas de adaptación social en el niño al verse rechazado, problemas de autoestima por acumulación de frustraciones y castigos dirigidos  a su persona y emocionales como ansiedad, depresión o estrés.

Por supuesto su familia hasta que consigue saber qué es lo que le pasa a su hijo pasa por otro verdadero calvario paralelo al del niño ya que tampoco saben que pueden hacer con él  y ni las riñas ni los castigos consiguen que el niño cambie ni mejore su conducta. Además también son juzgados por familiares, amigos y profesores como si fuera unos padres incapaces de enseñar bien  a sus hijos.

De aquí la importancia de un diagnóstico temprano que alivie tanto la presión que sufre el niño como su familia.

Este trastorno de origen neurobiológico resultado de una compleja interacción entre factores biológicos y del medio ambiente tiene una repercusión  variada y característica en la conducta del niño:

-Parece que no escucha cuando se le habla; Tiene dificultades en mantener la atención en tareas que requieren un esfuerzo mental; No sigue las instrucciones; No finaliza las tareas; Se distrae fácilmente; Extravía objetos con facilidad. Y si además cursa con Hiperactividad el niño/a mueve en exceso los pies y las manos; Le cuesta estarse quieto en un asiento; Abandona su asiento en la clase y en otras situaciones; Corre o salta constantemente incluso en situaciones que es inapropiado hacerlo; Interrumpe conversaciones; Habla en exceso.

El tratamiento está basado en una combinación de intervenciones psicosociales tanto a nivel individual con el niño, como con su familia y profesores  así como farmacológicas. A través de estas intervenciones se consigue estabilizar la conducta del niño y aliviar sus síntomas consiguiendo una mejor adaptación a su entorno. De igual manera que se facilita a la familia del conocimiento necesario y las herramientas para poder trabajar con su hijo.

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