Desde el Suelo.

La vida al igual que puede ser maravillosa puede no serlo, es la dualidad: el yin y el yang, lo bueno y lo malo, la risa y el llanto…

Podemos vivir etapas afortunadamente “felices y estables”, entre comillas, pero puede haber también momentos en los cuáles nuestro mundo se desmorona porque vivimos experiencias dolorosas como la muerte de seres queridos, la enfermedad, la separación o el divorcio, la pérdida del trabajo, la casa…

Estas vivencias cuestionan todo lo que creemos tener y conocer, poniendo nuestro mundo patas arriba y haciendo que desaparezca toda nuestra seguridad.
De repente casi sin saber cómo sucedió, tocamos el suelo y lo tocamos con tanta fuerza que estamos totalmente fuera de combate sin poder movernos, ni levantarnos y sin saber siquiera si queremos hacerlo.

Nuestra mente sí alcanza a comprender la situación e incluso reconocemos y vivenciamos nuestras emociones de forma consciente en relación al momento que nos toca vivir pero nuestro cuerpo no responde, su estado es catatónico.

El impacto tanto de la situación experimentada como de las emociones sobre el cuerpo es tal que se queda inerte, paralizado, como en estado de reposo. No se puede mover, es tal su peso que un pequeño paso supone como si tuviéramos que movilizar toneladas. Estamos literalmente aplastados con nuestro cuerpo contra el suelo.

Únicamente queremos descansar porque sentimos que no tenemos energía suficiente para poder con él, ni para hacer absolutamente nada. Todo se desmorona, se cae, desaparece, sólo hay oscuridad. Parece una pesadilla y quieres despertar. Te sientes como si te estuvieras muriendo. Sólo existe el vacío.

Sabes que no puedes ir más abajo porque eres consciente de todo, incluso de que quieres seguir adelante a pesar de todo. Por eso no puedes ir más abajo.

Nuestras redes sociales juegan un papel crucial en estos momentos, la familia y los amigos son en estas situaciones el rayo de luz que necesitamos para poder ver mejor en la oscuridad. Nos pueden apoyar para dar nuestros primeros pasos fuera del estado catatónico así como a ser nuestros ojos y ayudarnos a ver aquello que igual no alcanzamos en ese momento y arrojar un poco de claridad conectándonos con la realidad que necesitamos para encontrar la salida hacia delante.

Mantener unos buenos hábitos dentro de nuestra desesperación como una buena alimentación, algo de ejercicio, salir de casa, quedar con los amigos y la familia, hablar de como te sientes y buscar actividades para centrar nuestra atención en algo diferente nos puede ayudar en la recuperación de nuestra energía vital a pesar del dolor y el sufrimiento que podamos estar experimentando.

Nuestro cuerpo poco a poco comenzará a responder, nuestras emociones se estabilizarán e iremos construyendo un nuevo lugar desde el que nos reencontramos con nosotros mismos. Redescubrimos quienes somos a través tanto de las situaciones experimentadas como de las nuevas posibilidades que se nos abren por delante.
Todavía pasaremos una temporada de recuperación pero después nos dispondremos a vivir la nueva pantalla de experiencias que la vida tiene preparadas.

Levantarse del suelo siempre implica un mismo proceso, nos rompemos y luego nos recomponemos con los pedazos que se puede y merece la pena aprovechar además de lo nuevo que hemos descubierto que estaba formando parte de nosotros.
Creamos así un “YO” nuevo y probablemente desconocido a la vez que a los ojos de los demás también a los nuestros.

De repente el brillo vuelve aparecer en los ojos, la sonrisa asoma en las comisura de la boca y la energía vital vuelve a emerger.
Entonces el “Cuerpo Responde”, la alegría y la confianza en la “Vida” vuelven a estar ahí.

El milagro de la vida continúa y ahora sólo son nuestros pies los que tocan el suelo.

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