Cuando el otro importa.

En un proceso de comunicación siempre hay dos o más personas implicadas y para que resulte fructífero debería producirse un conocimiento mínimo entre los participantes de ese proceso.

Pero esto en muchas ocasiones no ocurre así y no tenemos en cuenta quién es o cómo se encuentra esa persona. No nos interesamos por conocerla e interaccionar con ella no sólo desde nuestras necesidades.

El encuentro con el otro es siempre una oportunidad para salir de nuestro mundo y permitir entrar en él a otros mundos. Otras realidades con sus sueños, sus miedos e inseguridades que van a enriquecer el nuestro y lo van a transformar.

Pero si no escuchamos, si no preguntamos y nos interesamos nada va a suceder.
Escuchar implica olvidarme de mí por unos momentos e implicarme con una actitud activa en ese conocimiento del mundo que ese otro ser humano me puede proporcionar.
Es la belleza del descubrimiento de algo nuevo que tengo la oportunidad de conocer, un abanico y despliegue de emociones y sentimientos que sólo depende de nosotros permitir que fluya.

Es un intercambio y cuando el otro te importa, se produce la magia.

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